Tras vivir uno de
sus años más difíciles, los actores de la cadena porcina confían en que el
sector tiene mucho para crecer. Carlos Trossero, presidente de la Cámara de
Productores Porcinos de Entre Ríos (Capper), señala que el norte debe estar puesto
en la promoción del consumo. Por su parte, Sebastián Bouzada considera que hay
ánimos suficientes para aumentar producción y agregar valor.
Nahuel Amore | Dos
Florines
El sector porcino
de Entre Ríos venía creciendo casi sin inconvenientes hasta que llegó 2016. La
quita de retenciones al trigo y la devaluación en los inicios de la gestión de
Mauricio Macri impactaron directamente en los principales costos de producción.
A esto se sumó la apertura de importaciones, que no sólo los puso en alerta por
la competitividad de precios, sino también por los problemas sanitarios que significaban
algunos cortes congelados.
Carlos Trossero,
presidente de la Cámara de Productores Porcinos de Entre Ríos (Capper), señaló
a DOS FLORINES que fue un año difícil y recién sobre los meses finales del año
pusieron empezar a asimilar los nuevos costos. Durante los primeros meses,
advirtió que trabajaron a pérdida y que incluso hubo jugadores que quedaron en
el camino.
“Hay varios
productores, inclusive socios, que tuvieron que vender sus reproductores.
Esperamos que en el corto plazo puedan volver a producción. Las granjas por
debajo de las 180 madres tuvieron serias dificultades. Si no se subvencionaban
a través de otra actividad, sea la agricultura o la ganadería tradicional, era imposible
haberse sostenido en estos seis meses de pérdidas”, explicó.
En otras palabras,
en un contexto recesivo y donde el consumo de carne vacuna bajó, aseguró que
los costos no se pudieron trasladar a los precios finales. “La variación de
precios en el promedio del año estuvo por debajo del 20%, cuando cerramos cerca
del 50% de inflación”, sostuvo Trossero.
De todos modos,
como reza el dicho, no hay mal que bien no venga. En un año donde se redujo el
poder adquisitivo y las compras fueron más selectivas, el empresario resaltó
que el consumo de la carne porcina creció. Y hacia ahí es donde ponen las
fichas para 2017. Trossero subrayó que el objetivo es llegar a los 20 kilos por
habitante por año, cifra que en 2016 llegó a promediar los 15 kilos.
“Por primera vez
en la historia el consumo de cerdo y de pollos sumados le ganó al consumo de
vacuno y esa es la clave del sector”, acotó por su parte Sebastián Bouzada,
secretario de Capper.
En esta línea,
remarcó: “El consumidor se está volcando más a las carnes alternativas y eso va
a ser crucial. Si las importaciones van a seguir viniendo el año que viene, que
crezca el consumo adentro y se conviva en paz con ese escenario”.
CONSUMO.
Según Trossero, los
actores de la cadena porcina se tienen que “adaptar a esta nueva realidad”.
Para ello, la gran apuesta de la Cámara y de las entidades afines en la
provincia y el país apuestan a una campaña de promoción de la carne de cerdo.
Al respecto, destacó que el crecimiento se debe apuntalar no sólo aumentando el
consumo de los cortes tradicionales, sino aprovechando al cerdo en su
integridad.
Concretamente,
explicó que se creó un fondo de promoción del consumo de cuatro millones de
pesos, de los cuales tres pone el Gobierno nacional y uno los productores –un peso
por cada capón vendido–. El objetivo es llevar a cabo una estrategia
publicitaria que tiente a los consumidores a probar todos los cortes de cerdo.
Básicamente, se explicarán distintas recetas de platos.
“Está comprobado
en otros países que si se quiere crecer en el consumo de cerdo, sea fresco o
elaborado, tiene que haber una campaña publicitaria atrás apoyando las bondades
que tiene la carne de cerdo. En Estados Unidos se hizo un programa hace unos
años y se está consumiendo cerca de 35 kilos por habitante. Por lo tanto, hay
para crecer”, explicó Bouzada.
Con los números
sobre la mesa, Trossero graficó que si bien cayó el consumo de los cortes
vacunos, la participación en el mercado sigue siendo muy alta y actualmente
está en los 55 kilos por habitante. En tanto, el pollo fue el que mejor se ha
posicionado y hoy representa entre el 40 y 45% del mercado. El cerdo, en tanto,
se ubica entre el 15 y 18% de la participación.
Sin embargo, son
optimistas y fijaron no sólo como meta los 20 kilos para 2017, sino llegar
hasta los 28 en los próximos cinco años. “Creo que mientras haya dos kilos de
carne vacuna que no se oferten por razones climáticas o por exportación, son
dos kilos que podrían ser reemplazados por carne de cerdo y eso significa un
crecimiento de un 10% de la demanda”, añadió.
PRECIOS.
En el análisis
general, Trossero sabe que cualquier aumento de la demanda se traducirá
inmediatamente en una suba de precios. De todos modos, Bouzada considera que el
precio que adoptaría el cerdo sería más razonable, ya que se despegaría del
arrastre de la carne vacuna y tendría que ver más con los costos y movimientos
propios del sector. La pregunta en todo caso es cómo llegar a las góndolas con
los precios acordes a cada corte.
“En el
aprovechamiento integral de la media res y en la medida que el público conozca
qué es lo que tiene que pagar por el cerdo, creo que va a haber una mejora aún
mayor en el consumo. Pero transparentar la cadena se va a ir dando cuando las
proporciones de participación de las distintas carnes se vayan equiparando”,
explicó el presidente de Capper.
En esta línea,
resumió cómo se producen las mayores disparidades actualmente. “En las grandes
cadenas de supermercados los precios están desorbitantemente altos, muy por
encima de la carne vacuna. En las carnicerías tradicionales están en torno a la
carne vacuna y en las carnicerías especializadas de cerdos, están por debajo de
la carne vacuna”, señaló.
Por su parte,
Bouzada agregó: “Si el consumidor va a la góndola y tiene al mismo precio el
cerdo y el vacuno, elije el vacuno por un tema de costumbre. Es cierto que por
ahí se encuentran cortes más caros que en las carnicerías. Por eso, el
consumidor tiene que recorrer, caminar, porque hay distorsión de precios
siempre se termina volcando a lo más barato”.
Desde esta mirada,
según Bouzada, la clave para que del campo a la góndola no haya una diferencia
desproporcionada está en las nuevas carnicerías que se están instalando en
Paraná, tales como la Casa del Cerdo o La Porca. “Como son de los productores,
se ve un sinceramiento y precios mucho más competitivos respecto de las grandes
cadenas de supermercados, incluso en mejor en calidad”, resaltó. Por cierto,
para ello las inversiones son necesarias.
INVERSIONES.
A pesar de que el
año fue difícil y más de un productor se vio ante la necesidad de abandonar la
actividad, Bouzada considera que “el ánimo en general es seguir ampliando la
parte de producción de capones en pie”. “Sin duda hay toda una movida de crecer
en la cadena”, sostuvo a DOS FLORINES.
En este sentido,
planteó que en la provincia hay productores que tienen su granja y están
encarando inversiones para tener una planta industrial. “El productor sigue
apostando, invirtiendo. El camino es crecer en la cadena. El año que viene van
a surgir marcas y carnicerías”, adelantó.
Consultado por los
costos de financiación, señaló que si bien “han salido algunos créditos un poco
más blandos con tasas del 22%, siguen siendo caros”. Analizó además que todavía
hay muchos movimientos financieros que generan dudas. De todos modos, fue
optimista e indicó que le dan la posibilidad al productor de encarar sus
proyectos.
Por su parte,
Trossero valoró que desde Capper están diseñando una estrategia para agregar
valor en la cadena porcina de la provincia. “Creemos que gran parte, o por lo
menos 50% de la producción, se va sin elaborar, es decir, se va en pie hacia
afuera de la provincia”, advirtió, y planteó la necesidad de revertir esas
cifras.
“Ha habido un
desarrollo en cuanto a nuevas carnicerías por parte de productores o hay nuevos
establecimientos industriales que han aumentado un poco los trozaderos”,
resaltó. De todos modos, dejó entrever que en muchos casos fue por empuje
propio que por un programa estratégico de la cadena. “Tenemos que tener un plan
impositivo, financiero y de infraestructura de servicio necesario para que esto
se afiance en el tiempo”, remarcó.
En este sentido,
para estimular las inversiones dentro de la provincia, puntualizó la necesidad
de “algún beneficio impositivo para aquella producción que tenga un destino
dentro de la provincia por sobre aquella que sale de la provincia. Que esto nos
incentive como productores a vender dentro de Entre Ríos”.
Un eterno reclamo
La falta de
caminos en la provincia para sacar la producción es uno de los problemas de
infraestructura más graves que salieron a la luz en 2016 a raíz de la
emergencia climática. Si bien la problemática es común a todas las actividades
primarias, desde la cadena del cerdo hicieron hincapié en la necesidad de
políticas urgentes.
“Los caminos son
un eterno reclamo a la provincia”, subrayó Sebastián Bouzada, secretario de la
Cámara de Productores Porcinos de Entre Ríos (Capper). “A Vialidad provincial
los vemos bastante desordenado y en tema de caminos rurales no se ha hecho
mucho. Hay que mejorar los caminos y dejar de joder con la broza”, disparó el
empresario.
Bouzada advierte
que la única manera de hacerle frente a los productos que llegan desde el
exterior no es cerrando las barreras, sino con mayor competitividad. “En
infraestructura tenemos costos mayores que los brasileros”, planteó.
En este sentido,
también pidió por mejores servicios energéticos. “Muchas granjas trabajan con
monofásica y es un problema porque se corta todo el tiempo y quemás motores. También
hay muchas granjas que trabajan con generadores a gasoil, con lo caro que está”.
En síntesis,
Bouzada recordó que estos no son problemas nuevos y esperan tener respuestas
cuanto antes. “No hay que plantear cosas descabelladas. La clave está en la
competitividad y para eso tiene que estar el Estado provincial y nacional”,
concluyó.

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