El panorama económico que vincula a los dos países parece hoy no ser del todo alentador, sobre todo si se observa la caída del comercio bilaterial en 19,5% para lo que va del 2014. Sin embargo, la primera potencia latinoamericana continúa mirando el escenario con los lentes de largo plazo. En ese sentido, el libro de Raúl Zibechi es clarificador para entender que la alianza estratégica con nuestro país y el resto de la región resulta clave para su desarrollo futuro, a pesar de las consecuencias que arrastra consigo.
Nahuel Amore | Dos Florines
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| Raúl Zibechi analiza las consecuencias sobre los pueblos y los movimientos sociales. |
Los países emergentes son los protagonistas del capitalismo del siglo XXI. Ante la crisis de la hegemonía estadounidense, un conjunto de economías asumieron el rol de impulsores del sistema. Estamos hablando principalmente de China, India, Rusia y Brasil que crecieron a tasas inéditas y arrastraron consigo a otras naciones por el juego estratégico de alianzas. No obstante, el sacudón internacional del 2008 comenzó a sentirse en los años siguientes mediante una significativa caída del ritmo de crecimiento. Como efecto dominó, esto condujo no sólo a una desaceleración generalizada, sino también a una especie de pesimismo respecto al impulso emergente de cara al futuro.
En ese contexto, resulta pertinente analizar a Brasil, la sexta economía mundial, para reflexionar sobre la historia reciente y el presente de nuestro país. En esta misma línea, el libro de Raúl Zibechi titulado Brasil, ¿El Nuevo Imperialismo? permite comprender con mayor profundidad la visión a largo plazo que encaró Lula Da Silva y continúa por estos días Dilma Rousseff. El escritor uruguayo —que trabaja con los movimientos sociales y critica las consecuencias del sistema en las poblaciones— se encargó de detallar la estrategia económica, política y militar del vecino país para constituirse como una potencia mundial.
De ese modo, los interrogantes y desafíos emergen en el escenario latinoamericano. Por tanto, cabe preguntarse: ¿Es la Argentina un actor elemental para que la economía brasilera continúe por la senda del desarrollo? Sin dudas. Esta alianza, pero también las que mantiene con el resto del continente, no es más que un primer paso para consolidarse y luego expandirse a otras regiones como África, por ejemplo. Así pues, el presente y el futuro se alinean y exigen atenciones que no siempre están en el marco de lo previsible.
Alianza con la Argentina. En el apartado Las Relaciones con los Países Periféricos de su libro, Zibechi analiza la estrategia de Brasil en América Latina. De esta manera, asegura que la expansión del capital brasilero en esta región resulta tan potente que está rediseñando la propiedad de las grandes empresas y de la tierra en buena parte de las naciones sudamericanas. En resumen, en Uruguay controla la agroindustria y una porción importante de la tierra; en Paraguay compra masivamente las tierras para el cultivo de soja y controla la hidroelectricidad; en Bolivia monopoliza los hidrocarburos y controla la producción agropecuaria; mientras que en la Argentina las inversiones apuntaron tanto a la industria como al petróleo.
El autor entiende que la relación entre las dos economías más grandes del cono sur se constituye como la alianza estratégica más importante en la región. El Mercosur fue un primer paso en la década de los 90. Pero principalmente, luego de la última gran crisis en nuestro país se evidenció el interés de ambas partes por crear grupos de trabajo conjuntos, establecer acuerdos más rígidos y superar conflictos comerciales. No obstante, el autor advierte que la alianza no es entre iguales, ya que la presencia de las empresas brasileras en el territorio nacional es cada vez más fuerte y se produce en sectores claves.
Así y todo, Zibechi destaca la diversidad de inversiones de Brasil en la Argentina, que contrastan las que se realizan en otros países que solamente se focalizan en materias primas e hidrocarburos. Asimismo, reconoce la capacidad del Estado argentino para seguir imponiendo ciertas condiciones y controles. Las recientes negociaciones que lleva a cabo el ministro de economía Axel Kicillof permiten visualizar este en-juego político.
Empresas brasileras. Para Brasil, “las relaciones con su vecino nunca fueron sencillas, en gran medida por la inestabilidad argentina que se ha traducido en la sucesión de crisis económicas y cambios de modelo”, opina el periodista. Ello le da pié para explicar por qué la peor caída en la historia de nuestro país de principios de siglo XXI significó un antes y un después respecto de las adquisiciones de las empresas brasileras en estas tierras.
Antes del 2001 fue Petrobras la principal firma que ingresó en la Argentina y se quedó con buena parte de la extracción, refinación y comercialización de gas y petróleo, además de participar en la cadena química, petroquímica y de energía eléctrica. De este modo, para cuando el país volvió a crecer a partir del gobierno de Néstor Kirchner, el sector fue clave en el desarrollo y la empresa tuvo un rol protagonista. Aunque luego, llegando al 2011, la política oficial llevó a Petrobras a disminuir su presencia en áreas donde el Estado ejerce intervención de precios y tarifas, por lo que decidió vender, por ejemplo, la refinería que tenía en San Lorenzo.
Claro está, la crisis del 2001 brindó mayores oportunidades para las empresas brasileras, aunque las inversiones no fueron homogéneas. Entre 2002 y 2003 se direccionaron a operaciones de fusiones y adquisiciones, aprovechando sobre todo las deudas de las empresas argentinas. Posteriormente, cuando la economía nacional consolidó su modelo de crecimiento, comenzaron a realizar inversiones en proyectos nuevos para aumentar capacidades productivas.
Zibechi hace una breve genealogía de las multinacionales más importantes que se hicieron de empresas argentinas. En 2002 Petrobras compró la petrolera de Pérez Companc. En 2005 Camargo Correa compró la cementera Loma Negra y en 2007 adquirió Alpargatas. También en 2005 Friboi compró Swift Armour y comenzó a dominar el mercado de las carnes. En 2006 Ambev se quedó totalmente con la cervecería Quilmes. Asimismo, entraron al país Vale y Banco do Brasil, entre otras. Entre 2002 y 2010 Brasil pasó de tener 60 a 250 empresas instaladas en nuestro país. En ciertos años fue el principal inversor extranjero.
Coyuntura actual. En el momento en que las reservas del Banco Central de la República Argentina comenzaron a disminuir significativamente allá por el 2011, la administración del país aplicó mayores restricciones a las compras en el exterior. Del esquema proteccionista selectivo se pasó a uno más generalizado.
En ese contexto, nuestro principal aliado estratégico en Latinoamérica fue relativamente el más afectado en relación a otros, con una pérdida significativa de su participación en el total de las importaciones. Los datos indican que productos cuyos orígenes son de China y de la Unión Europea fueron aumentando en importancia. Así entonces, según publicó Abeceb.com en un informe, Brasil pasó de representar el 31% de las importaciones en 2008 al 8% en 2013; mientras que China pasó del 30% al 57% en el mismo período.
Las informaciones más recientes que se tienen sobre la relación comercial entre las dos economías más grandes de América del Sur son de mayo y continúan esta tendencia negativa. El comercio bilateral total disminuyó ese mes en un 21,4% respecto a igual período en 2013. Por lo que para lo que transcurre del año el intercambio total con Brasil acumula un -19,5% y es el octavo mes consecutivo que la tendencia es a la baja.
En otros términos, ellos nos compraron en mayo un 25,8% menos en relación al mismo mes del 2013. Mientras que nosotros le compramos un 16% menos durante el mes pasado. Se registran descensos acumulados de 19,3% para las importaciones argentinas desde Brasil y del 19,9% para las exportaciones. La caída del comercio llevó el déficit bilateral para la Argentina hasta los 380 millones de dólares en el acumulado de los primeros cinco meses del año.
La Argentina se ubicó en mayo como el tercer proveedor de Brasil con 1.257 millones de dólares, luego de China con 3.100 millones de dólares y de EE.UU. con 3.016 millones de dólares. A su vez, somos el tercer comprador de bienes originarios de Brasil con 1.355 millones de dólares, ubicándonos también por debajo de China y de Estados Unidos. De este modo, el déficit fue de 98 millones de dólares para la Argentina en el mes de mayo.
La industria de los automóviles juega un papel fundamental en el desarrollo y crecimiento comercial entre las economías argentina y brasilera. No obstante, nuevamente fue el sector más afectado por las políticas restrictivas y se agrava por la caída de ventas en ambos países. Esta coyuntura, que impactó de lleno en el ritmo ascendente que mantenían ambas economías, dispara permanentes negociaciones bilaterales que suponen una serie de intereses que ninguno quiere perder. Mientras tanto, las principales fábricas radicadas en Córdoba suspendieron una parte importante de su personal.
Así pues, resurge en nuestro país la necesidad de financiamiento para no afectar las reservas del BCRA. En este sentido, el buen rinde del campo generó un alivio para las divisas atesoradas. Lo cierto también es que con esto irrumpe en el escenario la voluntad política en el marco de los acuerdos del Mercosur, para repensar no sólo estas trabas que languidecen la relación, sino fundamentalmente para fortalecer las medidas de cara a un futuro con otros actores.
Pensar en el futuro. Dante Sica, director de Abeceb.com, sugiere que el impacto de crecimiento de la economía brasilera estuvo en su momento sobredimensionado, pero que también se está sobreestimando la posibilidad de que esté al final de un abismo. Por tanto, a partir de su reciente experiencia personal observa en Brasil “una economía que está creciendo en menor medida de lo que se esperaba. La tasa de expansión para este año es alrededor del 2%. Sin embargo, hay ciertas variables que siguen estando controladas”.
A pesar de estos síntomas de estancamiento dentro de un mismo patrón de acumulación, Sica reconoce que “los empresarios brasileros viven un clima de negociaciones internacionales muy fuertes”. A diferencia de nuestro país, “tienen una preocupación de una agenda que va mucho más allá de la coyuntura de este año”, agrega el economista.
En esta misma línea, Brasil estaría pensando para los próximos cinco años en reinsertarse a nivel internacional de la mano de la Unión Europea. Recordemos que su estrategia apunta a diferenciarse de EE.UU, la superpotencia parasitaria en crisis que financia sus déficits fiscales y comerciales con la emisión de los billetes verdes que hasta el momento mantienen la hegemonía en el plano global. De este modo, claro está que la necesidad de cerrar negociaciones con las economías europeas también se traslada a la dimensión política.
Ante un mundo que Zibechi vislumbra como en tránsito de la lógica unipolar a la multipolar, Brasil también estaría calculando los beneficios económicos y financieros que podría generar en el Mercosur esa mayor apertura. No obstante, para el director de Abeceb.com, “estamos en un momento en el cual el mundo está avanzando en acuerdos interregionales y da la sensación que el Mercosur se está quedando fuera de estos acuerdos, de las cadenas de valor que se están imponiendo”.
“La preocupación de Brasil es saber qué es lo que opina la Argentina con respecto a esto, que hoy lo ve muy inmerso en un clima de discusión del corto plazo. Observa que está perdiendo la mirada de mediano plazo necesaria como para poder salir”, finaliza Sica en su informe.
En síntesis, el escenario actual replantea los aspectos centrales que lanzó el autor uruguayo en su libro Brasil, ¿El Nuevo Imperialismo? De la mano del crecimiento económico resurge la visión geopolítica, una vieja práctica por el dominio de los territorios y el poder concentrado a través de la conformación de alianzas. La diferencia está, según Zibechi, en que el neoliberalismo rompió con las barreras físicas y simbólicas cuando consolidó las estrategias de las multinacionales. Pero en definitiva, tal como lo confirma en los hechos, son los pueblos los que sufren las consecuencias de las políticas macroeconómicas y de los intereses de un puñado de hipertróficas empresas.
Brasil hacia el 2022: Metas del Centenario
Economía:
- Crecer al 7% anual.
- Aumentar la tasa de inversiones al 25% del PIB.
- Reducir la deuda pública al 25% del PIB (43% en 2010).
- Alcanzar la inclusión digital del 100% de la población adulta.
- Duplicar la producción y las exportaciones agropecuarias.
- Aumentar la productividad agropecuaria en 50%.
- Triplicar la inversión en investigación agropecuaria.
- Doblar la producción de alimentos.
- Multiplicar por cinco la agricultura sustentable.
- Duplicar el consumo per cápita de pescado y un 50% la captura.
- Quintuplicar las exportaciones y sextuplicar las de media y alta tecnología.
- Llevar la inversión privada en investigación y desarrollo al 1% del PIB.
- Tener 450 mil investigadores y el 5% de la producción científica mundial.
- Triplicar el número de ingenieros.
- Dominar las tecnologías microelectrónicas y de producción de fármacos.
- Decuplicar el número de patentes.
- Asegurar independencia en la producción de combustible nuclear.
- Dominar las tecnologías de fabricación de satélites y vehículos lanzadores.
Sociedad:
- Erradicar la extrema pobreza y el trabajo infantil.
- Llegar a 10 millones de universitarios.
- Incluir a Brasil entre las diez mayores potencias químicas.
- Alcanzar autonomía en la producción de insumos estratégicos.
- Duplicar el gasto público en salud.
- Universalizar la previsión social.
- Alcanzar la igualdad salarial entre negros y blancos.
Infraestructura:
- Llevar al 50% la participación de energía renovable en la matriz energética.
- Elevar al 60% la utilización del potencial hidráulico (desde 29% en 2007).
- Doblar el uso per cápita de energía.
- Instalar cuatro nuevas usinas nucleares.
- Aumentar el conocimiento geopolítico del territorio no amazónico del 30 al 100%.
- Reducir en 40% el uso de combustibles fósiles.
- Ampliar la capacidad portuaria a 1,7 billones de toneladas.
- Asegurar el acceso a banda larga de 100 Mbps a todos los brasileros.
- Tener en órbita dos satélites geoestacionarios.
Estado:
- Decuplicar los recursos del Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur.
- Decuplicar la cooperación técnica y financiera con África.
- Consolidar la Unasur.
- Consolidar la articulación política con los países en desarrollo.
- Lanzar al mar el submarino nuclear.
- Lanzar el primer satélite construido en Brasil.

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